Cada vez más se reconoce a la dependencia a opioides como una enfermedad crónica, similar a la hipertensión o la diabetes.
Pero a diferencia de estas otras dolencias, la dependencia a opioides acarrea un estigma muy grande. (Para ilustrar esto, consideremos el siguiente ejemplo: imagínese que usted está en una entrevista para obtener un nuevo empleo. ¿Dudaría un instante en preguntar si el plan de salud de la compañía cubre los costos relacionados con su dependencia a la insulina? ¿Preguntaría con la misma libertad sobre los costos relacionados con su dependencia a opioides?)
Se trata de un estigma enraizado en la creencia de siglos de que la dependencia a opioides constituye una falta moral. Recién en los últimos 20 años los investigadores comenzaron a darse cuenta de que la dependencia a opioides es un trastorno médico causado por cambios en el cerebro, cambios que a veces no desaparecen hasta varios meses después de que los pacientes han dejado de usar opioides.
Actualmente, la dependencia a opioides crece a tasas sin precedentes en los Estados Unidos. Lamentablemente, el temor al estigma asociado al tratamiento hace que muchas personas no busquen ayuda.
Eliminar el estigma de la dependencia a opioides es vital para ayudar a que los pacientes reciban el tratamiento adecuado. Para lograr este objetivo es fundamental que se reconozca más ampliamente que la dependencia a opioides es una cuestión médica y no moral.
La información que se ofrece aquí tiene como finalidad promover una mejor comprensión de la dependencia a opioides como un problema médico, para lo cual se exploran la prevalencia, los orígenes biológicos, la influencia en el comportamiento y los síntomas de esta afección.